El mítico Paso de los Vuriloches en la Patagonia


El mítico paso de los Vuriloche es una de las rutas más cortas para conectar la Estepa Patagónica en Argentina con Ralun en Chile, justamente donde se encuentra el primer fiordo del Océano Pacifico en el hemisferio sur. El fiordo y los valles en forma de U por donde transcurre el sendero fueron tallado hace 20.000 años en la última Era Glaciar por un inmenso glaciar que bajaba desde la cumbre del volcán Tronador hasta el mismo Océano Pacifico.

Recientes hallazgos arqueológicos han determinado que posiblemente el Paso Vuriloche sea la ruta de trekking más antigua de América. El arqueólogo norteamericano Tom Dillehay, a mediados de los años 70 descubrió la cultura que hoy se reconoce como la más antigua del continente Americano: Monte Verde, un asentamiento de cazadores-recolectores, hoy fechado en 14.500 años de antigüedad. En el sitio los arqueólogos no solo encontraron vestigios de las primeras viviendas de América, sino que también restos de un mastodonte y de al menos veinte plantas medicinales. Algunas de estas plantas, solo son posibles de obtenerse en la Estepa Patagónica, en lo que hoy es Argentina.

Los monteverdinos vivían cuando finalizaba el Pleistoceno y la Era del Hielo. Probablemente los monteverdinos cruzaban en verano la Cordillera de los Andes a través del Paso Vuriloche en búsqueda de plantas medicinales. Posteriormente también los Puelches y Poyas (Patagones Septentrionales) y Araucanos lo transitaban para intercambiar productos del mar con productos de la estepa.

La conquista española de Chiloé se consumó a partir de 1567. La primera mención al Nahuel Huapi en las crónicas de los conquistadores españoles data de 1621, aunque seguramente hubo expediciones anteriores que no fueron documentadas. A inicios del siglo XVII los españoles instalados en Chiloé comenzaron a realizar expediciones llamadas "malocas" o también conocidas como viajes de sangre, que tenían como objetivo apresar a Puelches y Poyas en las inmediaciones del Lago Nahuel Huapi para hacerlos trabajar en sus minas y haciendas como esclavos. Posteriormente el paso fue abandonado y cubierto hasta desaparecer bajo la exuberante Selva Valdiviana.



MASCARDI, GUILLELMO Y EL REDESCUBRIMIENTO DEL PASO DE LOS VURILOCHES


El padre jesuita Mascardi, a fines de 1669, relevado ya de la rectoría del Colegio de Chiloé, inició el cruce de la Cordillera de los Andes, tanto para misionar entre los indígenas, como para buscar la mítica Ciudad de los Césares. Recibido por los indígenas que había liberado, éstos le ayudaron a cruzar el gran lago en balsas y canoas, y a establecerse en el borde oriental del bosque. Allí, a orillas del Nahuel Huapi, al sudeste de la Península Huemul, levantó la misión de Nuestra Señora del Nahuel Huapi: algunas pequeñas casas y una capilla.​

Durante cuatro años misionó entre los indígenas de la zona, que no eran solamente Poyas, sino también Pehuenches y Puelches. En esa época, no se había iniciado aún el proceso de araucanización de estos pueblos.

Durante esos años emprendió tres exploraciones hacia el sur y el este, en busca de la Ciudad de los Césares. No hay demasiados datos sobre las regiones que habría visitado. Los autores más optimistas lo dan por llegado hasta el río Santa Cruz o hasta San Julián, pasando por el Lago Musters. Otros autores, más moderados, suponen que habría explorado solamente ciertos lugares del noroeste de la provincia del Chubut. En todas estas exploraciones contó con guías nativos. Pero, una vez que intentó regresar brevemente a Chile, los guías se negaron a conducirlo hasta ese destino, para no verse privados de su presencia.

La última de sus exploraciones la realizó en 1673, hasta las cercanías de un lago que no ha podido ser precisado. En ese lugar, tal vez en el mes de septiembre, fue atacado por una parcialidad Tehuelche rival de los Poyas, y muerto a golpes de boleadora y flechas. Los guías que lo acompañaban alcanzaron a enterrarlo y huyeron; para regresar dos años más tarde, guiando a exploradores españoles que rescataron su cadáver y algunos ornamentos religiosos.

Se atribuye al sacerdote jesuita Juan José Guillelmo el redescubrimiento del paso en 1711. Anteriormente para llegar de la isla de Chiloé a la Misión Nuestra Señora del Nahuelhuapi se tenía que atravesar navegando los lagos de Todos los Santos y Nahuel Huapi, vadear muchas veces el río Peulla, cruzar dos cuestas y andar por terrenos pantanosos hasta el mar. Se trata de la misma ruta que, en el presente, sigue la excursión “Cruce Andino”, entre Bariloche y la localidad trasandina de Puerto Varas. A partir de 1706, Guillelmo tuvo la necesidad de cruzar la cordillera en dirección a Chiloé en repetidas oportunidades; de ahí, la búsqueda de un camino menos trabajoso. Estando en Castro, un viejo soldado le comunicó que por la ensenada de Reloncaví, se entraba a un camino, por el cual los españoles iban antiguamente a maloquear a los Poyas.

Enojados por el redescubrimiento del paso Vuriloche, debido a que aumentaba el peligro de nuevas expediciones esclavistas, el cura fue envenenado con un vaso de chicha servido por un cacique y la misión del Nahuel Huapi fue incendiada por los Puelches.

Años más tarde, la ruta se hizo bien conocida, y tras el paso de curas franciscanos como Güell y Menéndez. El camino terminó por convertirse en lo que hoy se conoce como la Evangelización de la Patagonia.

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